domingo, 31 de enero de 2016

Alea jacta est

   Alea jacta est es la frase que pronunció Cayo Julio Cesar al cruzar el Rubicón, a sabiendas de que no habría marcha atrás en esa afrenta a la República Romana. La suerte está echada. 

   Incluso en el caso de Cesar, no depende sólo de suerte: su historial militar, sus relaciones políticas y el desencanto en general de la población por la situación de Roma, jugaron muy a su favor en su golpe de Estado. Finalmente, los fieles a la República dejaron a Cesar hecho un acerico, pero eso no impidió la instauración del Imperio, tras una cruenta guerra, siendo el primer Emperador el hijo adoptivo de Cesar: Augusto

Estatua de Livia Drusila, esposa de Augusto. MAN. Foto propia.

   Muchas veces, dejamos a la suerte cosas que dependen o bien solo, o en gran parte, de nosotros mismos. El azar o el destino, no son más que los pasos previos que hemos dado, que nos han creado un camino por el que nosotros hemos decidido transitar. 

   Pero otras veces, a pesar de nuestro esfuerzo y nuestro tesón, hay cosas que no controlamos. Podemos estudiar para un examen muy bien, con mucho ahínco, pero, si el temario es extenso, al final dependerá de las preguntas que el profesor haya decidido incluir. Los más devotos, rezarán o harán promesas a todos los dioses posibles. Los más ateos, aceptarán con resignación su destino. 

   Minutos antes del examen, o minutos antes de cruzar el Rubicón, no hay marcha atrás posible. Ya has llegado hasta ahí, estás delante de tu pupitre, o delante del río con una facción del ejército a tus espaldas, no puedes echarte atrás. Tendrás que darlo todo, hacerlo lo mejor que puedas. Alea jacta est