viernes, 27 de noviembre de 2015

Reseña: La mujer de negro, Susan Hill

Sinopsis [de Amazon]: Cuando el joven abogado Arthur Kipps recibe el encargo de viajar a un pueblo remoto del interior rodeado de marismas brumosas para asistir al entierro de una anciana no puede ni imaginar lo que le espera, y sólo ve en ello la posibilidad de progresar profesionalmente, lo que quizá le permita finalmente casarse. Mientras intenta poner orden en el legado de la difunta, empieza a ver una extraña aparición... [...]

   He decidido recortar la sinopsis porque era casi  más larga que el libro y destripaba todo. En serio, no sé quién redacta estas cosas pero deberían hacérselo mirar. 

   Leí este libro hace unas semanas y no me gustó demasiado. Es una novela cortita, con una ambientación muy buena, digna de las mejores novelas góticas del siglo XIX a pesar de ser un libro mucho más reciente. 

   Pero algo falla en el desarrollo, en el argumento, que no consigue esa plenitud que sí tiene la ambientación. En tan pocas páginas no llegamos a conocer bien a los personajes y la voz narradora, el propio Arthur Kipps, no transmite demasiado bien sus emociones. 

   Aún así, para los fans del terror gótico, es una pequeña joyita, porque ya sólo por la ambientación y un par de escenas con la "mujer de negro", merece la pena. De la película que protagonizó Daniel Radcliffe no me acuerdo de casi nada, sólo puedo decir que no tiene nada que ver con el libro. 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

¿Cómo se guarda Internet?

   En el mundo de los archiveros, bibliotecarios y documentalistas hay una prioridad más allá de la atención al usuario: conservar nuestro patrimonio documental. Con los libros, revistas y hasta CDs y DVDs la opción parece clara: el almacenaje. Pero, ¿qué sucede cuando el patrimonio es algo tan intangible como una página web?

   El pasado viernes tuve la oportunidad y la suerte de asistir a una charla-debate sobre este tema en la Biblioteca Nacional. La charla la realizó Mar Pérez Morillo acompaña de una presentación en power point que podéis ver en este enlace.

   Internet también debe archivarse y conservarse, pero las tareas para llevarlo a cabo son más complicadas que el almacenaje del patrimonio documental físico. El precedente de la conservación digital lo tenemos en Internet Archive, una biblioteca digital que lleva en marcha desde 1996 y se dedican a guardar la web mundial. A raíz de la fundación de Internet Archive, surgen más archivos en el mundo para conservar webs, blogs y demás sitios online. Primero las bibliotecas nacionales de distintos países (Suecia, Australia, EEUU) y después otras organizaciones como universidades o bibliotecas estatales.

Servidores de Internet Archive. Foto de aquí

   Pero, ¿cómo se guarda Internet? ¿Cómo se pueden conservar páginas webs, redes sociales o blogs? Internet Archive desarrolló un software que rastrea la web y guarda todo lo que encuentra (o todo lo que se le parametriza). Esto se almacena en formato WAR, que después otro software (Open Wayback) puede recuperar y mostrarlo como si se tratara de la web viva.

  Esto genera una cantidad de información digital descomunal, para cuyo almacenaje se necesitan unos servidores gigantescos. Es más, para poder poner en marcha el software de rastreo Heritrix (heredera en latín) se necesitan varios servidores por cada parámetros de búsqueda. El edificio de Internet Archive en San Francisco es enorme y en la empresa hay más de 200 empleados.

   En España, esta labor de conservación se lleva haciendo en la Biblioteca Nacional desde 2009, año en que se contrató una recolección a través de Internet Archive. En 2014, se desarrolló un software propio para llevar a cabo esas "recolecciones de información".

Servidores de la BNE. Foto extraída de su web

   ¿Y por qué es importante guardar esta información? En parte porque es patrimonio documental y como tal, ya tiene derecho propio a su conservación. En parte porque es nuestra memoria histórica, aunque ahora esto parezca de risa. Las páginas webs se cierran y desaparecen por completo y esto no sucede sólo cuando el dueño del sitio web decide cerrarlo sino también cuando un dominio entero desaparece porque ha desaparecido el país al que pertenecía, como sucedió en Yugoslavia.

   Aunque se está trabajando cada vez más por la conservación de esta información, su puesta al público es un tema espinoso -sobre todo por cuestiones de derechos de autor-, por lo que de momento, el contenido que tiene recopilado la BNE no está en acceso abierto. Otras bibliotecas, como la British Library o la Biblioteca Nacional de Australia tienen parte de contenido abierto: aquellas páginas web para las que han solicitado permiso previo.

   Queda mucho camino por recorrer en el campo de la preservación digital, pero los primeros pasos, que son recopilar la información, ya se están dando. Muchas gracias a Mar Pérez Morillo por la estupenda charla y a la Biblioteca Nacional de España por su organización.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Me pone muy nerviosa

   Me pone muy nerviosa conocer gente nueva. Hablar por teléfono. Llegar tarde y no poder evitarlo. Llegar pronto y que los demás lleguen tarde. Los grumos que deja el colacao (y por eso soy de nesquick). 

   Me ponen muy nerviosa los perros sueltos, que se acercan y no sabes si te van a llenar de babas o te van a intentar morder. La gente que se acerca mucho cuando hablas. La gente en general. Salir de fiesta. 



   Me pone muy nerviosa que se acerque la fecha para un examen y no haberlo preparado bien (a pesar de lo cual, siempre dejo las cosas para el último momento). Que me cambien los planes a última hora. Probar cosas nuevas. 

   Me pone muy nerviosa que alguien intente leer por encima de mi hombro. Que me pidan que preste algo que no quiero prestar. Que me cojan mis cosas sin preguntar. Tener que pedirle algo a alguien, especialmente si no le conozco. 

   Me ponen muy nerviosa (y esto es nuevo) las traducciones del inglés, tanto en libros como en películas y series. Me ponen muy nerviosa muchas cosas y, con los años, en vez de menos, cada vez son más. 

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Nueva rutina de deporte

   Ya era hora de cambiar, después de tantos meses haciendo la misma rutina en el gimnasio, levantando las mismas pesas (bueno, de vez en cuando una más grande, por progreso) y haciendo los mismos ejercicios. Se termina haciendo aburrido. Además, cuatro días a la semana para hacer pesas se me estaba haciendo demasiado y prefería bajar a tres.

   La nueva rutina es fresca, es nueva, es divertida. Es divertida pero tiene máquinas infernales que no me gustan nada y que hacen que el Zagal se ría de mí cuando me pongo en modo pataleta... pero bueno. No me gusta probar máquinas nuevas y me cuesta hacerme con ellas, así que le tendré que dar una oportunidad, porque las dos veces que me ha pasado eso, las máquinas me han terminado encantando.



   De momento sólo he probado un día, para hacer pecho y bíceps. Fue el lunes y cuando escribo esto (martes) tengo unas agujetas impresionantes en ambos grupos musculares. Cuando se publique esto estaré yendo al gimnasio a hacer pierna y hombro, será un día especialmente largo pero merecerá la pena, seguro.

   Me hace ilusión ir progresando y apuntando en un Excel (me he aficionado a las tablas Excel, no sé muy bien por qué, cuando antes las odiaba) el peso que voy levantando y las repeticiones que hago. Cada vez es más y mejor, más repeticiones, más peso, el movimiento menos tembloroso... A veces incluso lo hago mejor que los muchachos gigantes que entrenan en mi gimnasio, que se preocupan mucho de cargarse hasta arriba de peso pero luego hacen mal el movimiento. No lo entenderé nunca. Por qué van con camisetas de tirantes recortadas, tampoco.

   En fin, que la nueva rutina me hace feliz. Aunque haya máquinas infernales de por medio.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Reseña: Siempre hemos vivido en el castillo, Shirley Jackson

Sinopsis [de Amazon]: «Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.» Con estas palabras se presenta Merricat, la protagonista de Siempre hemos vivido en el castillo, que lleva una vida solitaria en una gran casa apartada del pueblo. Allí pasa las horas recluida con su bella hermana mayor y su anciano tío Julian, que va en silla de ruedas y escribe y reescribe sus memorias. La buena cocina, la jardinería y el gato Jonas concentran toda la atención de las jóvenes. En el hogar de los Blackwood los días discurrirían apacibles si no fuera porque los otros miembros de la familia murieron envenenados allí mismo, en el comedor, seis años atrás.


   Leí este libro como leo todo lo que me interesa: sin saber de qué iba. Es una novela cortita, algo más de 200 páginas, con una narración aparentemente sencilla, pero que esconde un trabajo literario importante. Mary Katherine, o Merricat como la llama cariñosamente su hermana, será nuestra narradora, nos llevará de la mano por su rutina y por las normas que debe cumplir (no tiene permitido entrar en la habitación de su tío, o preparar la comida, pero sí servir el té). 

Shirley Jackson. Imagen tomada de aquí


   Desde el principio el lector entra en esa atmósfera opresiva que vive la protagonista. No sabes muy bien qué pasa, un misterio flota en el aire, pero sabes que hay algo que ocultan, algo por el que la gente del pueblo odia a la familia Blackwood aún más que antes. A lo que queda de la familia Blackwood, porque salvo el tío Julian, Constance y la propia Merricat, el resto ha muerto. 

   La historia se va desgranando poco a poco, pero sin contar demasiado. Algunas cosas las debe suponer el lector. Otras, se desvelan en medias frases a lo largo de toda la novela, que si bien es corta, tiene una intensidad impresionante. 

   Lo mejor, sin duda alguna, es, además de esa atmósfera de cuento gótico, que te hace pensar que en cualquier momento puede pasar absolutamente cualquier cosa, es Merricat. Es un personaje muy bien construido, una adulta (en la primera línea nos dice que tiene 18 años) aniñada, salvaje, que no le gusta bañarse y va a todas partes acompañada de su gato. Merricat y su relación con el mundo, tan particular, tan diferente... 

Merricat. Fuente

   No había leído nada de esta autora previamente, pero después de Siempre hemos vivido en el castillo repasaré toda su bibliografía. Es la suya una pluma delicada, que no da puntada sin hilo y que construye, en muy pocas páginas, una historia de suspense impecable. 

   Muy recomendable para esta época del año, con Halloween tan cerca, tanto si sois fans del terror como si no, porque, como digo, la historia es de suspense y misterio, no de miedo.