viernes, 30 de octubre de 2015

Haciendo la colada

   Me encanta poner lavadoras. Es de las pocas tareas de la casa que no sólo no me importa hacer, sino que disfruto. Ponerlas y tenderlas. Recoger la ropa y guardarla (yo no plancho, va en contra de mi religión) ya me gusta menos, pero ir colocando la ropa en las cuerdas, recién limpia, con el olor al suavizante impregnándolo todo... Me encanta.

   El problema es que ahora que llega lo que para mí es buen tiempo, la época dorada del año en la que me puedo poner botas altas, jerséis y vestidos de lana y adornar el outfit del día con un pañuelo de colores... es también la peor época para las lavadoras.



   No tengo tendedero de interior. Debería hacerme con uno, pero me da pereza y ocupa sitio y me gusta que la ropa se seque al aire y al sol. El problema es que últimamente llueve casi a diario y el sol brilla por su ausencia (chistaco).

   Ahora tengo que mirar la previsión del tiempo antes de poner la lavadora. ¿Va a llover hoy? ¿Y mañana? Porque como hace más frío, la ropa tarda más en secarse. No, no hay previsión de lluvia, vale: mete corriendo la ropa en la lavadora, ciclo de media hora. A la media hora un centrifugado extra, que nunca viene mal que pierda un poco más de agua. Y a tender. Y pongo otra, que hay que aprovechar que estos dos días no va a llover, así que apretujo la ropa en las cuerdas. No sé cómo, consigo que quepa toda, debe ser cosa de magia.

Al día siguiente, a mediodía, me asomo y decido recoger la ropa, porque aunque la previsión del día anterior no daba lluvia, está muy nublado y no me fío. Y aunque hay alguna prenda aún húmeda, la mayoría está seco. Frío, pero seco.


Recojo y cuando llevo la mitad, empiezan a caerme gotas. Justo a tiempo, pienso. Y menos mal, porque segundos después se pone a llover como si no hubiera un mañana. Me siento casi como Indiana Jones al rescatar el Ídolo de Oro. Afortudamente, no salió de ningún sitio una piedra gigante rodadora. 


miércoles, 28 de octubre de 2015

Cómic: Ms. Marvel: Fuera de lo normal


 Sinopsis (de Panini Cómics): Kamala Khan es una chica como otra cualquiera que vive en Nueva Jersey... Hasta que un buen día recibe un don asombroso. Pero... ¿quién es realmente Ms. Marvel? ¿Una adolescente? ¿Una musulmana? ¿Una inhumana? ¿Todo lo anterior? Descúbrelo en el primer volumen de su colección, con el origen y las primeras aventuras de la superheroína adolescente que ha logrado conquistar a lectores de todo el planeta como sólo consiguen las historias fabricadas con la materia de la autenticidad. 


Quise leer este cómic desde que vi la portada. No me digáis que no es fantástica. No soy muy seguidora de los superhéroes Marvel, porque implica seguir una continuidad y ni mi memoria ni mi bolsillo dan para ello. Pero este Ms. Marvel es el inicio de una nueva heroína, que llena el hueco que dejó Carol Danvers al pasar de Miss Marvel a Capitana Marvel (y esto lo sé porque lo explican en el prefacio del cómic...). Al poderse leer independientemente me daba menos miedo, aunque estoy segura de que hay cosas que me he perdido por estar desvinculada del universo Marvel. 

   Este cómic nos presenta la historia de Kamala Khan, una adolescente paquistaní con unos padres tradicionales y protectores que está obsesionada con los héroes que pueblan su universo, especialmente con la Capitana Marvel. ¡Hasta escribe fan fictions sobre ellos! Un día, recibe poderes y asume la identidad de Ms. Marvel, pero se la termina llevando a su terreno y eso es fantástico porque tenemos a una superheroína que no va con botas altas, ni minifalda, ni escotazo y que, además, aunque tiene muy buena voluntad, no sabe muy bien cómo hacer las cosas (aunque se las arregla bastante bien). 

   Kamala es tremendamente carismática, se le coge cariño enseguida y es un personaje femenino tremendo. El cómic está lleno de buenrollito y es muy divertido. Es una lectura ligera pero estupenda, tanto si sois fan acérrimos de los héroes Marvel como si no habéis leído nada de ese universo pero os gusta la temática, este cómic lo vais a disfrutar. 

   Creo que ya ha salido el segundo tomo, que va directo a mi lista de deseos. 

lunes, 26 de octubre de 2015

Película: Crimson Peak

   Cuando una película me interesa, bien por director o por alguno de los actores, no me gusta saber nada del argumento. Y así es como he visto Crimson Peak (aka La Cumbre Escarlata), la última película de Guillermo del Toro, protagonizada por Tom Hiddleston. ¿Cómo me la iba a perder? 


  Es una historia de fantasmas, de terror gótico "teñido de rojo", como he leído por ahí, absolutamente magistral, perfecta de principio a fin. Con todos los elementos de una buena historia romántica y una ambientación impecable. 

   La verdad es que desde el primer fotograma quedé absorta en la película, y, aunque si bien no es redonda (las motivaciones me fallan un poco), lo puedo perdonar porque el desarrollo es magnífico. Y Tom Hiddleston está perfecto, cómo no. Jessica Chastain tiene quizá el papel más interesante de la película y lo lleva como un guante. Mia Wasikowska (qué apellido más difícil tiene esta chica) está correcta, pero no luce. 


Mal rollito...


   En definitiva, si queréis una buena película de terror, con algún que otro susto, y una buena historia de fantasmas, es vuestra película. Si sois incondicionales de Del Toro, no os decepcionará. 

viernes, 23 de octubre de 2015

Las bibliotecas son felicidad

   Me encantan las bibliotecas, siempre me han gustado. Recuerdo ir de pequeña todas las quincenas a la biblioteca del barrio y pasarme horas recorriendo los pasillos en busca de tesoros escondidos. No es que en mi casa no hubiera libros, que los había a miles (literalmente, mi padre trabajaba de encuadernador y se traía a casa los sobrantes), sino que me encantaba la idea de ir a la biblioteca, recorrer los pasillos hasta encontrar algo interesante y rellenar la ficha de préstamo, por aquel entonces aún en papel.

   En el colegio también usábamos la biblioteca todas las quincenas. El profesor de Lengua y Literatura nos animaba a coger libros, leerlos y hacer una ficha, para obtener "positivos" que podrían llegar a ser 1 punto más en la nota final. Bajábamos muchos, y muchos cogíamos libros, yo incluida.

Cuando tienes carnet de la biblioteca... oh yeah!


   Las bibliotecas siempre han tenido algo mágico para mí. El silencio, los libros bien colocaditos (aunque fue años después cuando descubrí todos los entresijos que esconden las clasificaciones, al estudiar la carrera para convertirme yo misma en bibliotecaria), la gente estudiando...

   También me gustaba comprar libros pero más de la mitad de las lecturas las hacía de biblioteca. Aún así, mi biblioteca personal fue creciendo con los años, y después llegaron las tres mudanzas que tengo a mis espaldas, llegó el kindle y llegó mi afición a los cómics... y el volumen de libros en posesión disminuyó. Vendí gran parte, regalé o doné otros, quedándome con cosas que realmente quiero tener, que realmente merecen la pena meter en cajas y transportar mudanza tras mudanza. 

   Y pese al kindle, pese a tener aún cerca de un centenar de libros pendientes, me sigue fascinando ir a la biblioteca, recorrer los pasillos y elegir al azar o encontrarme algún libro que hacía tiempo que quería leer. Me fascina leer algo que han podido leer cientos de personas antes que yo, ver el lomo doblado por el uso, las páginas amarillentas... No me gusta cuando alguien ha subrayado, pero sí cuando me encuentro un marcapáginas olvidado, una entrada de cine o de autobús... Recuerdos de alguien que leyó ese mismo libro que yo. 

¡Libros! ¡Las mejores armas en el mundo! 

   Hablo sólo del ocio, porque es para lo que suelo usar yo la biblioteca (al menos la pública), pero si tuviera que ponerme a hablar del gran valor que tiene como institución cultural, las labores fundamentales de alfabetización cultural e informacional, no podría parar de escribir. Normalmente, vemos la biblioteca pública sólo como un sitio donde almacenan libros para leer por ocio, pero eso es la punta del iceberg.

  Las bibliotecas custodian todo tipo de fuentes del saber y la cultura, son un puente entre el ciudadano y el conocimiento. Posibilitan que personas sin recursos tengan acceso a Internet. Organizan actividades de fomento de la lectura y de extensión cultural. Llevan la biblioteca allí donde los ciudadanos no pueden llegar (bibliobuses, servicio de préstamo domiciliario, bibliotecas en prisiones u hospitales, etc.).

Interior de un bibliobús de Salamanca. Imagen de aquí


   Además, la biblioteca es de todos y para todos, lo que implica que se pueden hacer desideratas o peticiones de libros que se suelen comprar, o al menos lo hacen cuando el presupuesto lo permite. Desgraciadamente, las bibliotecas tienen poca visibilidad y eso se traduce en poco presupuesto. Los libros desgastados, en mal estado, que no pueden reemplazarse por otros nuevos es una gran prueba de ello.

   En definitiva. Las bibliotecas (especialmente las públicas) son magia, son ilusión. Son básicas e indispensables en la sociedad y debemos luchar porque sigan existiendo, sigan realizando su labor de llevar el conocimiento y la cultura a todo el mundo que lo requiera.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Reseña: Hijos del Dios Tuerto, Virginia Pérez de la Puente

Sinopsis [de Amazon]: ¿Quieres cambiar tu destino, Harek Haraldsson? Llegarán tras el deshielo. Llegarán sedientos de sangre, sedientos de vidas, sedientos de venganza. Y no puedes impedirlo. 

¿Quieres cambiar tu destino, Loki? Tu camino está trazado. El camino hacia la traición, hacia la muerte, hacia la destrucción de los mundos. Y no puedes evitarlo.
El destino no se puede esquivar. El destino no se puede cambiar. El destino es. 


Las nornas tejen en su tapiz el pasado, presente y futuro de los nueve mundos, entrelazando los hilos de las vidas de dioses, hombres y monstruos. Ocultas bajo las raíces de Yggdrasill, las tres hilanderas empiezan a hilvanar un hilo de oro: el hilo de un héroe, Harek Haraldsson, jarl de un clan de vikingos que se prepara para el ataque de otro fiordo con el que mantiene una deuda de sangre. Mientras se debate entre la responsabilidad de proteger a su gente y la tentación de sucumbir a la sed de venganza, Harek ignora que su hilo está entretejido con los hilos de los dioses. De sus decisiones dependerá el destino de los æsir y su victoria o derrota en el Ragnarök, que llegará, como los enemigos de su clan, después del hielo. 



   Me encantan los vikingos, es inevitable. Barbas, pelos largos... ¿cómo no me iban a gustar? Pero además su mitología me fascina. Quizá es porque no tiene nada que ver con la nuestra, son totalmente alienígenas para nuestra cultura y lo más cerca que hemos estado de ellos ha sido Vickie el Vikingo (y no cuenta, no). 


Y esto explica mi obsesión por los vikingos...
   Por eso, necesitaba leerme Hijos del Dios Tuerto. ¿Una novela sobre la mitología vikinga? ¡Esto es para mí! Y, efectivamente, me ha encantado. Se me ha hecho cortísima, me habría gustado que tuviese 100, 200 o incluso 300 páginas más, de lo mucho que la estaba disfrutando. 

   Hijos del Dios Tuerto nos cuenta la mitología vikinga novelizada. Nos humaniza a esas deidades nórdicas, esos aesir, vanir, jotünn y les da personalidad y motivaciones. Vemos un lado de Loki diferente al que conocíamos del timador, y esto me ha gustado. Además, hay una trama en Midgard (el mundo de los hombres), donde nos presentan el mundo humano de esos norsemen de una forma muy amena. 

Imagen sacada de aquí. Cita del libro añadido por mí. 
   Pero la novela no es sólo para los que estamos obsesionados con el vikinguismo: es una novela de fantasía con entidad propia, con una narración impoluta y un desarrollo equilibrado. El final es trepidante y adictivo, llegado cierto punto, es imposible parar de leer hasta terminar el libro. 

   Quiero comentar algo acerca de que este libro sea autoeditado y es que ya quisieran muchas editoriales de renombre tener el cuidado y el mimo que ha puesto Virginia en su novela. La edición, la redacción y la ortografía son impecables. Ni una errata, ni una falta me he encontrado y eso se agradece. 

   Hijos del Dios Tuerto es una novela que recomiendo mucho, y a partir de ahora, Virginia Pérez de la Puente pasa a ser una autora a tener muy en cuenta. Si os animáis, este libro está a menos de 3€ en Amazon

lunes, 19 de octubre de 2015

No soy una chica de alturas

   No sé qué extraña obsesión tengo con ponerme zapatos de tacón. Me resultan incómodos, me molestan, como no me los pongo nunca me suelen hacer heridas y es imposible dar dos pasos con ellos. Pero siempre que hay algún evento más formal, termino rebuscando y descartando los comodísimos zapatos planos que tengo, las estupendas botas con algo de cuña, y plantándome unos tacones. Taconazos no: tacones. Nada de alturas vertiginosas de diez centímetros, no.

   Y ahí está el error. Quedan muy bien, pero no son cómodos. Nadie me puede decir que un zapato de tacón, que te obliga a ir de puntillas (en mayor o menor medida) es cómodo. Puede que te hayas acostumbrado y ya no lo notes, pero hay infinidad de patologías relacionadas con el uso continuado de tacones y lo que hacen en realidad es deformar el pie.

   Así termino yo, con un vestido precioso, un maquillaje normalito y más o menos peinada y la cago fastidio al ponerme unos zapatos con los que no voy a poder andar. Todo porque los vestidos quedan mejor con tacones, más bonitos. Porque tensan el gemelo. O yo qué sé. O porque como no te puedes mover, no puedes huir del tío babas que te acosa en la discoteca.

   Es curioso que me ponga tacones dos veces al año, si acaso, y tenga en mi armario más de media docena de pares de zapatos con esa trampa mortal añadida. Curioso, y de gilipollas, un poco, pues también.


   La cosa se complica cuando no me gustan las bailarinas ni los zapatos planos. No, no, y no. Lo siento, no me van. Tengo un 40 de pie, si me pongo algo así parece una lancha motora. Prefiero esconderlos en unas confortables botas o hacerlos sufrir sobre unos tacones, que así inclinaos, no se nota que son tan largos.

   Hace un par de semanas tuve un bautizo. Me puse un vestido negro que me encanta y me hace sentir como una princesa, conseguí más o menos pintarrajearme la cara y el pelo fue castigado y detenido en una coleta para que no pudiera rebelarse. Y me puse tacones. Y aunque la ceremonia era a menos de diez minutos andando de mi casa, llegamos tarde porque no podía andar deprisa. No eran especialmente incómodos, pero mis pies no están hechos para esas alturas. A la vuelta estuve tentada de quitármelos y volver descalza... Pero al final aguanté todo el camino.

   Los zapatos volvieron a su caja, que terminará enterrada en el armario, con una pila de botas planas, zapatillas y sandalias. Hasta el próximo evento. Hasta la próxima vez que decida torturar a mis pobres pies.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Unbreakable Kimmy Schmidt [serie]

   13 capítulos. 13 cortísimos capítulos de una serie maravillosa, divertida, buenrollera, adictiva y con un humor tremendo, absurdo y ácido. Y se acaban tan pronto que, aunque no puedes parar de ver capítulo tras capítulo te arrepientes mucho cuando llegas al final. Porque se acaba y de momento no hay más Kimmy, no hay más Titus y no hay más situaciones delirantes.



   La serie arranca cuando cuatro mujeres son rescatadas de un búnker, donde habían pasado 15 años secuestradas por una secta que afirmaba que el mundo había terminado. Una de ellas, Kimmy, decide quedarse en Nueva York a vivir en vez de volver a su ciudad natal en Indiana, y la serie nos va contando sus progresos en la gran ciudad.

   Kimmy es entrañable, adorable, divertida y con un enorme corazón... pero es rara. Es así, es muy rara, tiene 15 años de desfase y hay cosas, como en el ámbito tecnológico, que dan pie a situaciones muy raras. No sabe lo que es un smartphone, o un selfie, su música favorita es el pop de los 90 y como fue secuestrada de adolescente, no terminó sus estudios.

   Los nombres de los capítulos son geniales, todos son Kimmy hace esto, Kimmy monta en bici, Kimmy hace una fiesta, y es genial.

   Pero, lo mejor, sin duda alguna, es Kimmy. La actriz lo hace maravillosamente, le coges cariño enseguida y quieres que todo salga bien. Todos lo hacen muy bien (me encanta Jane Krakowski aunque sea incapaz de escribir su nombre sin mirarlo), pero ella brilla. La ropa de colores estridentes ayuda, claro.

   Si queréis comedias, no la dejéis pasar, de verdad. La creadora y guionista principal de la serie es Tina Fey, de cuyo humor (y mala leche) soy bastante fan desde Chicas Malas.

lunes, 12 de octubre de 2015

This is love

   Hablaba con una amiga el otro día y me comentaba preocupada que había escuchado la letra de la canción de la Cenicienta (sí, la peli de Disney), cuando baila con el Príncipe Azul y que todo el rato decía "This is love, this is love". Estaba preocupada porque en ese momento, Ceni y el Príncipe no se conocen, sólo bailan, suponemos que ni siquiera han hablado y bueno, ya sabemos todos cómo termina la historia. 
Ya está: enamoraos

   Y esto me hizo pensar, reflexionar y volver la vista atrás. A cuando era una mozuela que creía que el amor tenía que ser como en las películas o en las novelas: dramático. Personalmente creo que esto empieza desde pequeños, cuando apenas levantamos un palmo del suelo y si un niño nos pega o trata mal en el colegio los adultos a nuestro alrededor afirman que es porque le gustamos, que los que se pelean se desean y similares. MEEEEEC. Error. 

   Es verdad que últimamente los de Disney se han puesto las pilas y tenemos ejemplos de películas como Brave, Rapunzel o Frozen que no giran en torno al amor romántico. En Brave, es precisamente un elemento negativo en la película: Mérida no quiere casarse y compite ella misma por su propia mano. Rapunzel no necesita que nadie la saque las castañas del fuego, pues a base de sartenazos se desenvuelve muy bien. Y en Frozen, Elsa le dice a Anna que no puede casarse con alguien a quien acaba de conocer. 

Princesas Disney decepcionadas
   Son los tres ejemplos que se me vienen a la cabeza por seguir con Disney. El problema, es que hay otros muchos en el sentido contrario. Tenemos a Bella de Crepúsculo, cuya vida se paraliza porque Edward la deja, llegando incluso al borde del intento de suicidio por la posibilidad de oír su voz o imaginarse su presencia. Tenemos la tóxica y nociva relación entre Anastasia Steel y Christian Grey, camuflada de BDSM en realidad es maltrato sin más, físico y psicológico. Y tenemos la escalofriante After, que normaliza comportamientos que deberían estar criminalizados, como bien analizó Iria G. Parente en esta entrada

   Es verdad que queda mucho más espectacular ese amor que todo lo puede, que supera todos los obstáculos y por el que hay que luchar, pero ya está. Apagamos la tele o cerramos el libro y volvemos a nuestra vida normal, con nuestra pareja que nos quiere mucho y sí, discutimos, pero la relación es fácil. Pienso que el amor es así, fluido, y que si no fluye, algo no funciona. Siempre hay discusiones, siempre hay alguna crisis a superar pero en general, debería ser una relación de igual a igual en la que ambos soportan la mitad del peso de la relación. Y donde en la ficción hay celos, en la vida real hay confianza. 

   ¡Y qué leches! Que sigo sin entender porqué le damos tanta importancia a tener pareja. Se puede alcanzar la felicidad estando soltero o soltera, no pasa absolutamente nada, no te salen escamas si a partir de cierta edad no estás casado y con hijos, ni vas a ser un amargado ni nada de nada. Leí una entrada muy interesante en el blog de Las malas hierbas relacionada un poco con este tema, pero llevada más al terreno sexual. No se necesita sexo, ni pareja, ni hijos para ser feliz. 

   Tengo la sensación de que hacemos muchas cosas por los motivos equivocados y a veces tener pareja es una de ellas. Nos embarcamos en una relación tóxica aguantando celos y novios controladores que nos dicen qué vestir o con quién salir porque nos han inculcado que eso es que nos quieren mucho. En el caso de las mujeres es mucho peor, porque desde pequeñas nos educan para contentar. Justo al escribir estas líneas acabo de terminar de ver el primer capítulo de Unbreakable Kimmy Schmidt y al principio alguien dice: "me parece alucinante la cantidad de cosas que hacéis las mujeres por tener miedo de resultar maleducadas" y es una verdad muy dura. 

   Pero también, nos asusta tanto quedarnos solos, que enlazamos una relación con otra, sin dejar a nuestra pareja actual hasta que el acuerdo con la siguiente no está cerrado. Conozco un caso particularmente terrorífico en el que no sólo hubo cuernos, sino que ella dejó a su novio, pero el otro no había dejado a su novia, así que la primera chica ¡¡volvió con su novio anterior!! Lo peor es que él la aceptó y la perdonó. Impresionante. 

   En definitiva, que tenemos que aprender a estar bien y ser felices nosotros, que nadie tiene que hacernos sentir completos ni ser responsables de nuestra felicidad. Debemos ser más Mérida y menos Cenicienta

viernes, 9 de octubre de 2015

Squat Challenge

   "¡Venga, va! ¡Me apunto al reto de las sentadillas!" Parecía muy guay, muy divertido ir haciendo cada vez más sentadillas, de cinco o cinco, con sus días de descanso. Total, 30 días, contando los descansos, tampoco es tanto tiempo, ¿no? Si además se empieza con 50, no puede ser tan malo. 

   En qué momento, Maripuri... En qué momento. 


   Y sí, al principio son poquísimas sentadillas, y ahí iba yo, más chula que un ocho, afirmando que no iba a contar las sentadillas que hiciera en el gimnasio para el reto. Y sí, al principio era así, hasta que eran más de 100 al día y ya empezaba a resultar un poco cansao. Creo que fue a partir de las 150 cuando dije, bueno, total, las del gimnasio también son sentadillas, ¿no? 


   Ahí, una tras otra, me he ido haciendo todas las sentadillas del reto. Sólo fallé un día, que no podía ni moverme, estaba mareada, con reglitis aguda, y calambres... y mira, tampoco hay que ser tan masoca. Ese día me lo salté y después continué como si nada, así que mi reto ha sido de 31 días con un descanso improvisado pero, por lo demás, lo he hecho tal cual. 

   Y duele. Hacer 250 sentadillas en un día cansa. Hacer sentadillas todos los días y además entrenar en el gimnasio a un nivel bastante intenso es agotador. Tengo las piernas cansadas, agujetas en el culo y pocas, poquísimas ganas de repetir el reto. Pero también estoy muy orgullosa de mí misma por haberlo terminado, por haberlo seguido (casi) al pie de la letra y no haberlo dejado a medias. 

   Ahora a por el reto de planchas... Definitivamente, estoy loca. 

 

miércoles, 7 de octubre de 2015

Reseña: Saga del Silo, Hugh Howey

Sinopsis de Amazon (del primer libro): En el futuro la Tierra es un planeta devastado en el que el aire se ha vuelto tóxico. Rodeados por este paisaje desolado, algunos seres humanos sobreviven en un silo subterráneo. Allí, hombres y mujeres viven en una sociedad regulada por estrictas leyes que han sido creadas para protegerlos. El sheriff Holston, quien no ha vacilado en defender las reglas del silo durante años, de repente rompe el mayor de todos los tabúes: pide salir al exterior. Su fatídica decisión desencadenará una serie de drásticos acontecimientos que llevará al resto de habitantes del silo a enfrentarse a algo que sólo se conoce por las historias y cuyo nombre ni siquiera se atreven a susurrar. 







   Me gustan las distopías, me encantan. Y si son post-apocalípticas, de supervivencia o con algún elemento turbio, más aún. Y, claro, cómo no me iba a gustar la saga del Silo, de Hugh Howey, si tiene todo lo anterior.

   Me lo recomendó mi hermana, que es muy sabia y me conoce. Y empecé el primero, Espejismo (Wool) con un poco de miedo porque no me terminaba de convencer, pero me bastó leer la primera parte para engancharme y devorar los tres libros del tirón. 
Así me he leído los tres libros

   A Espejismo le siguen Desolación (Shift) y Vestigios (Dust), y completan una historia bastante redonda. A mi juicio, el primer libro es el mejor, tanto a nivel historia, como de narrativa. Los otros dos flojean un poco en algunas partes, se hacen más lentos. Incluso hay un acontecimiento en el tercero por el que pasan muy por encima que, honestamente, para tratarlo así, yo casi que no lo habría metido. 

   Pero en fin, lo que cuenta es el conjunto y como trilogía funciona muy bien. Tiene un final trepidante y hasta prácticamente la última página no sabes muy bien si va a terminar muy bien o muy mal (y no seré yo la que lo desvele). 

   El punto fuerte de esta novela son los personajes. Son magistrales, estupendos, tridimensionales. Siempre he pensado que no hace falta empatizar con un personaje para que esté bien construido (y si no, ahí tenemos a Ignatius T. Reilly, uno de los mejores personajes de la literatura y a ver quién se atreve a identificarse con él). No, no hace falta empatizar si están bien construidos, simplemente entender sus motivaciones. Y aquí vemos muy bien qué motiva a cada uno a hacer las cosas que hacen... nos gusten o no. 

El autor, más majico...

   Algo muy positivo de este libro, al menos para mí, ha sido la ausencia de triángulos amorosos o tramas adolescentes. Desde que se puso de moda la distopía entre la literatura juvenil ha habido una avalancha de novelas de este género y una termina cansada de leer siempre las mismas historias pero cambiando el entorno. Howey consigue una historia bastante original sin necesidad de meter el triángulo amoroso machacón y esto le hizo ganar muchos puntos. 

   En definitiva, es una saga que recomiendo, especialmente el primer libro. Ya me contaréis si os animáis con ella.

lunes, 5 de octubre de 2015

Septiembre

  Septiembre ha pasado casi sin enterarme. Ha sido un mes discreto, a caballo entre el verano y el otoño, que no se ha terminado de aclarar con la temperatura. Los días que me atrevía a sacar (¡por fin!) las botas y me aventuraba en un atuendo más otoñal, hacía tal calor que terminaba sudando. Cuando volvía a los shorts, hacía frío. Septiembre es bipolar
Oh yeah!

   Tradicionalmente, septiembre es el mes de la vuelta al cole. Se nota mucho si no te has ido de vacaciones en agosto porque la ciudad vuelve a estar llena de gente, de ruido, de niños. Aunque en agosto ha estado bien lejos de estar desierta, sí que había cierta tranquilidad. 

   Como ahora mismo mi mayor ocupación es estudiar oposiciones, yo no tengo ni vuelta al cole ni he tenido vacaciones como tal. Hubo una escapada maravillosa a Salamanca (noble archivo de las letras, que diría Espronceda), pero el resto del verano ha sido igual que el resto del año: deporte, estudiar, leer, ver series. Igual estudiar menos, por culpa del calor horrible, pero bueno. 

   Y, sin embargo, sí que tengo sensación de vuelta al cole, de vuelta a la rutina. Aunque yo no tenga necesidad de hacer cambios, aunque mi horario sea el mismo que en agosto, aunque haga las mismas cosas y en el mismo orden. Septiembre implica volver al cole, esto es así. 

   También implica guardar la ropa de verano y sacar la de otoño-invierno, pero como hemos acordado que septiembre es bipolar, igual mejor espero a diciembre, o incluso no me espero y así el verano siguiente no tengo que hacer cambio de armario. Esto sería un planazo si me cupiera la ropa en mi armario de tres puertas.

¡Ya no es verano!

   Septiembre ha sido un mes bastante bueno para las lecturas. Llevo un tiempo un poco desanimada y leyendo menos (también es que si me paso el día estudiando, luego no me apetece demasiado seguir leyendo, aunque sea por ocio), pero no tengo quejas del volumen de lecturas, ni de la calidad de las mismas. 

   Septiembre también ha sido el mes de cambiarme de gimnasio. A uno más barato, más cerca de mi casa y con mayor amplitud de horario. Y que es el gimnasio al que va el Zagal y así entrenamos juntos, que es más divertido. 

   Y, cómo no, septiembre es el preludio a octubre y octubre... Octubre, no me gustas nada. Eres un mes cruel, largo, oscuro. Me he negado incluso a cambiar los días en el calendario permanente del salón hasta que tenga que poner 1 de noviembre, porque no puedo con este mes. Ha sido un mes de pérdidas importantes y ya lo asocio a tristeza, a lluvia, a lágrimas. Y, por ello, septiembre es un poquito peor, porque acaba y empieza octubre. 

viernes, 2 de octubre de 2015

Me apetece escribir

   Llevo un tiempo notándolo, echándolo en falta. Me apetece escribir. Nunca encuentro el momento de sentarme a dejar unas líneas, en un word o en un cuaderno y, de hecho, tengo un diario de lecturas en una preciosa libreta completamente abandonado. Pero noto que me falta algo. 

   No me apetece sólo hablar de libros. Durante un tiempo, los libros fueron la parte central de mi vida, básicamente mi única fuente de ocio y lo único que, realmente, me interesaba. Ya no es así. Leer sigue siendo muy importante para mí, pero hay otras cosas que han ido escalando posiciones y se han situado, si no al mismo nivel, sí muy cerca de la lectura. Series, cine, deporte (¡deporte! ¡Yo haciendo deporte!), arte, Instagram, cocina (aunque soy una cocinera muy patosa...). 

Así me siento sin escribir

   Hablar sólo de libros se me queda escaso y meter otras cosas en lo que fue mi blog literario no me apetece. Sigue ahí, existe, y aunque nuestra relación fue muy buena -con sus altibajos, como todas- no me apetece seguir en él. He madurado, he cambiado, y él no. 

   Tuve otro blog, pero tampoco me sirve. Lo usaba para hablar de todo lo demás, todo lo que no eran libros, pero yo también quiero hablar de libros

Los Eternos. Sacada de aquí.
   Así que he decidido crear Tempus Frangit, cuyo título rinde homenaje al gran Neil Gaiman y a su obra magna The Sandman. Aquí, si no me da por abandonarlo a los cinco minutos, compartiré con vosotros todo lo que se me pase por la cabeza, pero tranquilos: sin agobiar. 

   Y ya está, así empezamos. ¿Queréis acompañarme en este viaje?